Narra Vachel
Hace más de 40 años que nuestra ciudad fue destruida, mi abuelo todavía me cuenta cambiando un poco los hechos, lo que ocurrió. Si lo contara fielmente tal vez no sería capaz de dormir. Dice que fue sangriento, pero se niega a otorgarme más detalles.
Ahora que he crecido y tengo edad para valerme sólo, he decidido que es el momento de saber la verdad. Lleno de agua mi cantimplora, luego me guardo un par de manzanas en la mochila antes de colocarla sobre la cama. Como somos una familia muy humilde, apenas tenemos para subsistir. Los muebles que tenemos los hemos encontrado tirados por la calle, algunos están rotos, pero al menos ahora tengo un lugar donde dormir. Mi padre falleció en una guerra de mierda a la que nunca debió ir, él y su maldito orgullo. Al recordarle pego un puñetazo a la pared y le hago un agujero, ¡Hala! Ya tengo ventana nueva. Me voy procurando no destrozar más nada por el camino, al salir me encuentro con Claudio apoyado en la pared.
-Tío, te he dicho que prefiero ir sólo al trabajo, eres peor que mi madre.- digo empujándole por el hombro.
-Hace casi una semana que no te pasas por el curro, vas a hacer que nos echen, joder. Vengo a asegurarme de que vas, no pienso volver a cubrirte.
-Lo sé, lo sé.
Tenía suerte de tenerle como amigo, pero era un poco pesado y al verle con la ropa manchada de tierra, la botas con barro pegado a las suelas y el mandil envuelto en sangre de algún animal se me asemejaba al asesino psicópata de alguna película de terror. Se coloca un mechón de su pelo castaño detrás de la oreja antes de asestarme un buen golpe en la cabeza con todas sus fuerzas.
-Pues parece que no lo sabes, llevo cortando carne durante tantas horas que se me ha quedado impregnado el olor en el cuerpo, y encima no gano más por ello.
-Ya te lo compensaré, no te cabrees.
-Pues como no te conviertas en una tía...
-¡No me refería a eso! Me refería a dinero o a ayudarte.
La carnicería estaba en la zona de la clase media, ahí las carreteras estaban asfaltadas, las casas bien pintadas con las tejas en su sitio, había árboles que adornaban la acera y la gente paseaba sin miedo. Era todo lo contrario a los suburbios, donde los más parecido a una tienda eran los mercaderes que pasaban de vez en cuando. Hasta el aire que se respira es distinto, es más limpio y puro que el nuestro. Ojalá mi madre y mis hermanos pudieran vivir aquí, pienso con tristeza. Abro la puerta del local y suena una dulce melodía para avisar de que hemos llegado al trabajo. Cojo el mandil con repugnancia cuando recuerdo que me lo tendría que poner, estaba casi en su totalidad de color rojo.
Trato de ser amable con los clientes que vienen, aunque me cuesta una barbaridad ya que hay algún cliente que otro con excesivos aires de grandeza. El olor de sangre siempre me marea un poco, pero llevo aquí tanto tiempo que me he logrado controlar.
En toda la ciudad, desde los suburbios hasta la zona de la clase alta, incluyendo sus alrededores, nunca he visto a ninguno de los animales que tanto acostumbro a despedazar. Lo que sé es que todos los días llegan unos camiones blindados que dejan en todas las tiendas la carne, el pescado, los vegetales y hasta los productos variados como el aceite o la mantequilla. Si esos camiones no pasaran cada mañana moriríamos como perros, pero siempre llegaban, hubiese tormenta o sol allí estaban. Ahí sin duda había gato encerrado y recuerdo que mi abuelo dijo hasta el día de su muerte que para los que traían los suministros nosotros sólo éramos como sus mascotas y que tarde o temprano se aburrirían de nosotros. La verdad es que tenía toda la razón, dependemos de unas personas a las que ni siquiera conocemos.
* * * * * * * * *
Cuando acabo el turno de diez horas son las ocho y algo. Así que la noche ya nos acompaña por el camino, las luces de la calle están encendidas, la gente aún sigue fuera, visitando tiendas y pasando el rato.
-¡Vachel!¡Claudio! No os vayais aún, esperad.- es una voz femenina la que nos llama, es Judy.- Me las he pasado cocinando, por eso no pude pasarme por la carnicería. Esto es para vuestras familias.
Dijo dándonos a cada uno una olla con algo que olía de maravilla. Trago saliva sin darme cuenta, estaba muerto de hambre, dos manzanas al día no llenaba nada. Claudio se acerca a ella, le da un beso en la frente, le da la gracias y entonces ella sonríe con las mejillas encendidas. Yo también le doy la gracias, de corazón, es una de las mejores personas que he tenido el placer de conocer. Para ser de clase media era una chica muy amable y atenta.
Cuando nos despedimos de ella y proseguimos nuestro camino escuché a Claudio suspirar. Le miré extrañado, eso era algo muy inusual en él, pero aunque siente que le observo parece incapaz de responder. Yo, como buen amigo que soy, me pongo de pesado hasta que finalmente lo suelta todo. Confiesa para mi sorpresa, que se siente atraído por Judy, pero que no sabía si declararse o no, sobre todo porque ella en comparación con él era rica. Por esa razón aún no había decidido que hacer, a mi me parecía que ella estaba colada por Claudio y viceversa. Cuando llego a casa enciendo la pequeña cocina de gas que teníamos, para tener la comida caliente. Saco de un estante cuatro platos y unos cubiertos, Judy nos había preparado estado de lo que parecía ser ternera, era un festín para nosotros. Mis hermanos casi gritan al ver la comida y mi madre sonrió alegre.
Contemplo mientras a mi madre, con la mirada ojerosa por el excesivo trabajo y la piel pálida por malnutrición. Liz y Jay, mis hermanos, tienen mejor color, ellos comen en el colegio gracias a las ayudas para las familias como nosotros, que apenas tienen un duro. Todos me dicen que le dé las gracias a Judy por ser tan atenta y yo al día siguiente selo agradezco una vez más. Como es domingo me libro de trabajar, en vez de irme a pasar el rato, me a lo que era la casa de mi abuelo.
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Para ir a ella había que ir a las afueras y adentrarse en el bosque que había allí cerca. El sitio estaba plagado de plantas e insectos venenosos, aunque si uno sabía por donde ir era una bonita excursión. Me ayudo de un árbol para escalar una empinada cuesta, me apoyo en una raíz que sobresale del suelo y con la mano que tengo libre logro subir. Me paro al ver a una especie de libélulas moradas, eran venenosas, si me acercaba demasiado a ellas me paralizarían con el polvo que desprendían sus alas. Quieto. Permanezco sin moverme todo el tiempo hasta que se van, hasta que no oigo ningún ruido de batir de alas. Aquí no hay animales, pero insectos hay para dar y regalar. Las hojas caídas junto con las ramas hacen que delate mí posición a cada paso, cualquier curioso podría seguirme, yo no quería eso. Acelero el paso cuando reconozco un árbol seco y retorcido con una cruz en el tronco grabada con un machete, ya estaba llegando.
No me equivoqué, ahí estaba la pequeña casa, con la pintura desconchabada y las tejas rotas. Abrí la puerta con la llave que llevaba al cuello, apartando la mosquitera cuya existencia no recordaba. El olor a tabaco me golpeó al entrar, hacía tanto que no venía que ni siquiera recordaba aquella nauseabunda peste que me irritaba la nariz y que hacía que me lloraran los ojos. Me tapé la parte inferior de la cara con el cuello de la camisa antes de dar otro paso.
Todo estaba como lo recordaba, el pequeño salón del abuelo con una tele que tendría más años que él, la mecedora donde se sentaba a limpiar su rifle, el sillón con florituras donde los hermanos y yo nos sentábamos a escuchar sus historias, la estantería repleta de fotos, cajas de latón, libros sobre armas y tanques antiguos... Era un lugar repleto de recuerdos, recuerdos que a veces era mejor que permanececieran en el olvido. Dejo atrás la habitación para irme a su dormitorio, allí tenía las cosas que había salvado de nuestra ciudad. Aunque yo nací aquí, me hubiese gustado criarme donde mí abuelo, porque allí, según dice, teníamos más poder adquisitivo. Exhalo un suspiro de una nostalgia que no debería existir antes de abrir su baúl de los recuerdos. Dentro hay álbumes de fotos, cartas, mapas antiguos, un broche y poco más, eso es lo que mí abuelo y su familia, incluyendo a mi padre, pudieron rescatar de toda una vida. Abro mi mochila y meto un par de cartas, los mapas, un par de fotos de la antigua ciudad y el broche, porque me parece valioso. El resto lo dejo intacto, sin dejar huellas marcadas sobre la superficie de los muebles polvorientos. La cama ni siquiera la toco, la estructura de metal está oxidada y no estoy vacunado contra el tétanos, así que prefiero prevenir.
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Al llegar escondo las cosas para que nadie las vea, no quería bronca con mi madre. Como todavía es temprano me da tiempo de salir por ahí con Claudio, Symphony y Judy. Encontré primero a Symphony que callejeaba como siempre sin prestar atención a los que la rodeaban. Cuando me vio me saludó con un movimiento de cabeza casi imperceptible, se acercó y se quitó la capucha de la sudadera negra que tenía orejas de gato. Al dejar su rostro al descubierto puedo ver los numerosos piercings en cejas, nariz y boca, todos de color negro en contraste con su piel de porcelana. Su pelo del color de la tinta azul era fino y lacio, en un corte recto sencillo a la altura de la barbilla.
-¿Te vas a venir a la inauguración de Nova?
-¿Nova?
-Un club que recién se abre hoy a medianoche, vente conmigo y trae si quieres a esos dos, beberemos hasta vomitar.
-Creo que es: hasta reventar.
-Sé bien lo que he dicho, yo invito a la primera ronda.
-No tengo ganas de ir.- dije tratando de no contagiarme de su entusiasmo.
-Vendrás, lo mismo que Claudio y Judy. Os espero a medianoche, es en el callejón Angra.
Puse los ojos en blanco y ella levantó el dedo del centro de su mano derecha mientras hacía una pompa con el chicle. Se dio la vuelta y siguió caminando como si nada, luego se despidió alzando la mano ya de espaldas a mí.
Voy a casa de Judy para devolverle la olla, su madre fue quien me abrió, una mujer sencilla con el pelo recogido en un moño alto y un delantal de cocina atado alrededor de la cintura. La señora Campbell es una persona cándida, muy amable, su hija se parecía mucho a ella. Al preguntar por su hija me responde diciendo que ha salido con Claudio ¿Se habrá declarado a Judy? Por si acaso no llamo a ninguno de los dos, sino que les mando un mensaje con mi móvil del año de la pera.
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Me voy a casa y hago las tareas domésticas, porque mi madre trabaja hasta el domingo. Obligo a mis hermanos a hacer los deberes para que no sean castigados, no quiero que los expulsen. Mi hermana no se queja, en cambio, mi hermano comienza a replicar a la primera de cambio. Le callo casi de un golpe, pero se calla al ver que tengo la venas más marcadas de lo habitual. He de ser un ejemplo a seguir para los renacuajos, por eso he de comportarme bien ante ellos.
Anochece y me cambio de ropa, unos vaqueros oscuros, una blusa ajustada y un blazer. Espero no llegar tarde.
Una ciudad muerta envuelta en el misterio, una organización detrás de la seguridad y amores que no siempre salen bien.
martes, 3 de septiembre de 2013
Capítulo 1: Lo que nos ocultan
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Me mola, sigue asi Roxanne
ResponderEliminarThanks :) Tú también sigue subiendo en SM y GF, necesito leer más (curiosidad crónica)
Eliminarque genialidad! saludos desde argentina! (veremos como continua la novela)
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