Narra Vachel
Hace un buen rato que Claudio se fue de la carnicería para buscar lo que se le había olvidado, dijo que era para Judy. Sigo sólo haciendo el trabajo, al fin y al cabo se lo debía, pues yo desaparecía cada dos por tres sin dar ni una explicación. La gente solía venir a está hora, pues era cuando se comenzaba a preparar lo que sería el almuerzo. Al final, despacho a todos para poder tener un rato de tranquilidad que aprovecho para volver a recogerme mi pelo de color carbón, luego tiro los guantes sucios y los sustituyo por otros limpios. Un rato después aparece Claudio que apenas se sostiene en pie, debe haber venido corriendo cuando vio que se le había hecho tarde. Cuando logró recuperar la respiración ocupó su puesto como si nada hubiera pasado.
La campanilla de la puerta que nos avisa cuando llega un cliente tintinea con rapidez, el que entra es ese chico rubio de ojos grises que siempre está con Symphony, parece muy alterado por algo. En sus ojos se veía que estaba nervioso y enfadado. Cuando llega lo primero que hace es soltar a mi amigo un puñetazo que le cruza la cara y le hace caer al suelo con gran estrépito ¿Está loco? Pienso mientras trato de ayudar incorporarse a Claudio, que apenas mantiene el equilibrio y a comenzado a sangrar por la boca.
-¡Todo esto es culpa tuya, hijo de perra!- grita el chico rubio cuyo nombre no me viene a la cabeza.
-¿De qué hablas? No he hecho nada.
-Si que lo hiciste, anoche. Te dejaste besar por Judy, no intentes negarlo porque te vi.
-¿Acaso te gusta Judy?- digo cuando veo que no me entero.
-Venga, no estoy tan loco como para que me guste esa sucesora de la Santa Madre Teresa de Calcuta.
-¿Y entonces?- grita Claudio enfadado por el ataque.
-Symphony.- dice bajando el tono.- A ella le gustas, y por eso, por eso se ha ido.
-¿Qué?-dijimos los dos.
-Cuando vio que te besabas con ella se puso fatal, la tuve que llevar a mi casa y me quedé despierto para cuidarla. Tras desayunar me dormí y me dejó una carta diciendo que iba a convertirse en la líder de las fuerzas armadas.
-No puede ir sola, sólo en el trayecto del bosque puede morir. Yo hace tiempo que quiero hacer una expedición, pero no puedo abandonar a mi familia.
-Yo ya hablé con mi familia, se encargarán de los gastos de vuestras familias, por favor, id conmigo.
-¿Por qué te importa tanto esa chica?- dice Claudio ya más calmado.
-¡Porque la amo! Estoy enamorado de ella desde que la conozco, pero ella sólo tiene ojos para ti y tú eres incapaz de ver que es una chica maravillosa.
-Al igual que tú quieres a Symphony, yo quiero a Judy.
Me veo contemplando una conversación en la que tan sólo soy un oyente, pues aquello no me atañe y no me siento para nada identificado con ellos. Un rato después de que el chico rubio, Fausto era su nombre, se tranquilice fuimos a hacer la maleta. Claudio fue a despedirse de Judy, pero esta dijo que iría con él, que no le abandonaría por nada del mundo. En ese momento Fausto finje pegarse un tiro en la sien usando de cañón sus dedos índice y corazón. Parecía disgustarle ese romanticismo empalagoso que tenían los dos, aunque creo que eso era porque le gustaría hacer lo mismo con Symphony. Yo me despido de mi familia, cuando lo hago, mi madre ya sabe que pretendía investigar lo de las destrucción del pueblo, así que pongo mi cara de chico bueno antes de irme. Cuando estábamos en el control para salir del pueblo revisan como siempre nuestras posesiones, buscan cualquier clase de arma, y si la tenemos cuando es ilegal nos la retiran. Por suerte los cuchillos de cocina es algo que se permite llevar, aunque a Judy le confiscan el látigo que había tratado de esconder.
* * * * * * * * *
En el bosque son un verdadero estorbo, hacen mucho ruido, con cada paso rompen una rama o hacen crujir una roca, ni siquiera tienen cuidado con los insectos y las plantas tóxicas. He de explicarles por el camino de lo que no han de fiarse, de como no confundir las plantas y de evitar los bichos con ciertos repelentes. Como se hace de noche rápido nos vemos obligados a parar para encender una fogata en la cual calentarnos para no morir de frío cuando pasaramos la noche. Symphony nos lleva unas cinco horas de ventaja, porque ella es de esas chicas cabezotas que no se paran cuando tiene algo en mente, así que no habría hecho descansos y por la noche es capaz de continuar en su avance. Espero que no le pase nada ya que es una de mis mejores amigas, a pesar de lo bruta que es le tengo cariño. Estoy pegajoso a causa del sudor que envuelve mi piel, de ahí a que tenga la camiseta adherida al cuerpo y me haya empezado a picar el cuerpo como si tuviera hormigas recorriendo, que también las había, pero eran inofensivas.
-Esa chica no tiene remedio, mira que largarse así por las buenas.- dice Judy molesta.
-Cállate.
-Fausto, no hables así a mi novia.
-¿Crees que la podremos alcanzar?- me pregunta ignorando a Claudio.
-No lo sé, pero lo más probable es que ella pare por ciudad Shine para coger provisiones, está a cinco días de aquí con buen ritmo.- digo tratando de calmar al chico.- Allí deberá hacer un descanso y la encontraremos.
-Ojalá no le pase nada, aunque nos llevemos mal no le deseo nada malo sólo quiero que lo sepas.- aclara Judy a Fausto.
-Está bien, pero espero que no pienses que ahora me caes bien.
Se apoya contra un árbol carente de musgo antes de taparse con la chaqueta y cerrar los ojos para descansar. Yo me acurruco en el suelo cubriéndome con una manta por el frío que hacía de noche, los tortolitos en cambio se abrazaron para darse calor. El aire helado choca contra mi cuerpo, no puedo dormir, doy vueltas y vueltas. Pienso en que le puede haber sucedido a la ciudad natal de mi abuelo, y de que ahora estaba un poquito más cerca de descubrir la verdad sobre lo sucedido hace cuatro décadas.
Al despertar el sol no nos daña, pues son pocos los rayos que entre tantas hojas lograban filtrarse entre ellas tornando el paraje de un tono esmeralda que también nos llegaba a nosotros. Me froto los ojos con las manos cuando me despierto, los grillos diurnos han comenzado a canturrear de forma animada, mientras yo todavía estoy somnoliento. Despierto al resto con gritos ruidosos al más puro estilo militar, la chica pega un grito mayor que los berridos que yo estaba saltando. Fue un chillido agudo de esos que rompen los cristales, tuve que taparme los oídos con las manos y Fausto, quien era de sueño profundo abrió los ojos de golpe. Nos comimos unas manzanas de sabor dulce y delicioso que habíamos comido de un manzano al cual habíamos examinado con rigurosa atención.
El camino seguía estando plagado de peligros, algunos de asombroso tamaño, como escorpiones. Me arrepentí enseguida de que la chica nos acompañase, era una princesa en lo que se refería a insectos, salía corriendo en cuanto veía a uno. Por aquí estoy seguro de que había pasado alguien, las ramas estaban rotas y había sangre ya seca por el suelo y el follaje, sólo eran unas pocas gotas pero me llenaba de preocupación, formándose un nudo en mi garganta. El muchacho rubio se tensa al ver aquella mancha roja salpicando el verde del bosque, pero no muestra sus sentimientos. Acelero el paso sin aviso previo, ya me muevo con comodidad a través del bosque y Fausto parece haberse adaptado también. La otra mitad del grupo es torpe en lo que se refiere a campo a través, por lo que no podemos alejarnos mucho de ellos. El aire que nos llega es fresco, pues aquel entorno natural protegía del calor y los árboles nos mantenían a una buena temperatura. En una parte del camino vemos unos rosales en flor, son de color rosa chicle muy llamativo, Claudio corta uno sin tener en cuenta las espinas y se lo da a su chica. Fausto finje tener arcadas en el momento en el que usa lo que él llama: una frase barata de casanova. Yo asentí ante sus palabras, aquello ya excedía lo cursi, era sumamente empalagoso, hasta parecía que estaban teniendo su luna de miel en este momento. Además nos atrasaban bastante en nuestro trayecto con tanto tropiezo y anderes torpes.
A medida que avanzamos hay menos árboles, huele a tierra mojada, por lo que debe haber algún río, cerca. Judy tiene buen oído y es capaz de localizar la ubicación de la fuente de agua, donde llenamos las cantimploras. Había también unas extrañas huellas en el suelo que no eran humanas, según dijo chico rico, eran marcas de yaguarundi. Según explicó los cojinetes de los dedos están separados de los del plantar más que en otros felinos y al juzgar por el tamaño era el único animal que las podría haber hecho. Un animal, eso sí que no era habitual por aquí, jamás había visto uno. Fausto estaba un poco pálido cuando se dio cuenta de que los más probable es que la sangre fuese de Symphony al ser atacada por la criatura.
-Ella fue atacada por este animal.- especula Fausto.
-Puede ser, ¿Pero quien dice que la sangre no es del animal?- apunta Claudio.
-En ese caso lo más probable es que haya sangre de los dos.
-A lo mejor no es ninguna de esas cosas.- digo casi por decir, pues es lo más probable.- Está la posibilidad de que no le haya pasado nada y que la sangre sea del animal porque le ha picado un insecto qué provoca trombocitopenia. Y si le ha pasado algo no deberíamos de hablar sino darnos prisas.
Me dieron la razón y seguimos caminando hasta que nos dolieron los pies. Esta vez nos movimos de noche para acortar distancias, esa vez el silencio nos envuelve en su manto de desesperación y penumbra. La linterna no era una buena opción, pues atraía a mosquitos, hasta la pantalla de mi móvil lo hacía y eso que casi era de las de blanco y negro. A Fausto esto no le importaba mucho, pues con el móvil buscaba cobertura para enviar un mensaje a Symphony, lo que no supo es si le llegaría.
* * * * * * * * *
Pasaron un par de días y dejamos atrás el bosque pasando a lo que sería una enorme llanura de hierbas altas aparentemente más inofensiva que su predecesora. Allá en el horizonte no se veía nada ella debía haberse dado prisa, o quizá se había escondido de nosotros. No debíamos permitir que llegara a la base, ella no sobreviviría allí, hasta a mi padre le costó aún cuando había estado más de dos años preparándose. Esa chica es un peligro, pienso, lo bueno es que seguía viva. La prueba que teníamos fue un mensaje, la respuesta al mensaje de dos días, ya habíamos recuperado la cobertura y vimos pasar a los camiones blindados de camino a nuestra ciudad. Eso era bueno, significaba que estábamos cerca de Shine, la ciudad de los destellos. Era una ciudad muy conocida por sus espectaculares desfiles y fuegos artificiales, además allí estaba el parque de atracciones más grande del mundo.
Esa misma noche ya vemos las luces de la extraordinaria ciudad, Fausto vuelve a contactar con Symphony y logra convencerla para que nos veamos en la ciudad cuando lleguemos. Las pequeñas serpientes que descubrimos que hay entre la hierba no nos detiene en nuestro avance, seguimos caminando toda la noche logrando que el cansancio no nos venza, lo mismo hacemos por el día. Caminamos, caminamos y caminamos hasta que vimos la entrada. Estábamos sucios, un poco deshidratados y hambrientos, pero había merecido la pena, ya estábamos cerca. Ya íbamos a encontrarla.
Una ciudad muerta envuelta en el misterio, una organización detrás de la seguridad y amores que no siempre salen bien.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Capítulo 3: Un trayecto insólito
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