martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 7: ¿Inicio de amores?

Narra Vachel
Creo que me he perdido algo, desde que Sympho despertó hace un par de horas, ha pasado algo muy extraño. Con el cuenco de palomitas en la mano como mientras veo la peli, al mirar de reojo a Fausto, que abraza a la recién despertada, veo que hay algo distinto. Ambos están muy juntitos y él le muerde la oreja en cuanto ella se despista haciendo que pegue un grito. Están saliendo o es mi imaginación, una de dos. Resoplo apartando el pelo de mi cara y le paso el cuenco a Judy, que parece estar también recuperada. Ver que soy el único solitario en esta casa irrita bastante, así que al acabar la peli decido ir a la biblioteca. Me pongo un pantalón vaquero de color gris un poco roto y una blusa azul marino. Me calzo unas deportivas de marca que me compro Symphony y tras coger el móvil y la cartera, me voy.
  *     *     *     *     *     *     *     *     *
En recepción está la preciosa chica de ojos celestes, nos sonreimos mutuamente y  me saluda agitando la mano con timidez. Sus ojos se asemejan a los de aquella pandilla de mal agüero que hizo aquello a mis amigos. El recordar la terrible experiencia hace que me hierva la sangre. Me dirijo a la sección de libros de historia hasta que encuentro los libros sobre Cambium. Busco información, miró libros antiguos y otros más reciente, pero todos cuentan lo mismo. Estoy dispuesto a marcharme cuando Lorette me detiene para entregarme una carpeta roja con algo escrito en permanente: "Cambium (espero que te sirva)".
-Dentro hay información, la mayoría son rumores, pero igual te sirve algo.
-Muchas gracias, eres fantástica.
-De nada, espero que vengas aquí más a menudo.
-Ni lo dudes. Tendré que invitarte a algo para agradecértelo.
-No hace falta.- responde formando una equis con sus brazos.
-Insisto, el sábado si te viene bien sería genial.
-A las cinco puedo.
-Pues a esa hora.
Nos intercambiamos los números para poder hablarnos y no sé que me pasa, pero me da corte darle un beso. Me despido con un adiós tímido antes de salir como una bala, quiero gritar, gritar de alegría y no sé porqué. Estoy muy raro hoy, al llegar al piso me abre Judy que enseguida me pregunta que si estoy enamorado o algo. No. No sé. Puede que si. Me voy al salón donde Fausto puso una cama que compró hace menos de un día. Vacío el contenido del sobre donde hay siete folios escritos a manos y grapados por una esquina. También hay fotos de la ciudad y un papel perfectamente doblado de color rosa. Abro el papelito rosa en el que me dice:
"Hace tiempo que no veo a alguien con pasión por la verdad, me has sacado una sonrisa y este es mi agradecimiento".
Ese papel me lo guardo en la cartera, lo llevaría conmigo a todos lados. El informe que me ha escrito dice que se cree que se debe a un ataque militar secreto, con un gas tóxico o algún veneno líquido que fue absorbido por las plantas. La chica se esmera, dibujó hasta un gráfico sobre el posible suceso. Su letra es cursiva, muy dedicada, dicen que la letra dice mucho del carácter de una persona. La mía es una porquería que parece árabe, mejor será que no la vea nunca. Leo todo varias veces, muchas fuentes dice que si hubo supervivientes, pero el Consejo y las fuerzas armadas lo niegan. Raro. Yo estoy vivo, mi padre lo estuvo y lo mismo de mi abuelo, a ver si dejan de dar a las personas por muertas tan a la ligera. En ese momento Symphony se lanza sobre mí para ver que hacía, hasta tras una paliza era pura energía.
Lee el informe antes de mirarme con extrañeza.
-He leído sobre esto antes...
-¿Qué?
-En una revista, fue en ¡El hospital! Había una revista que decía algo sobre la destrucción de una ciudad hace cuarenta años. Sin supervivientes.
-Hubo supervivientes, como mi abuelo.
-Puedo tratar de infiltrarme en el ordenador del Consejo.
-Si te rastrean estamos muertos.- le digo sin apartar la vista de los papeles.
-Como prefieras.
Se va casi tan rápido como vino, dando pequeños saltitos como una niña llena de felicidad. Ella había leído un artículo con la misma mentira de que no hay supervivientes.
  *     *     *     *     *     *     *     *     *
Tres días después, el sábado, quedo con Lorette en la biblioteca. Desde allí caminamos un par de manzanas hasta que llegamos a una pequeña cafetería escondida con un aspecto de lo más rústico. Tiene una fachada de ladrillos rojos un poco desgastados y hiedra trepando por la pared. Las chicas han elegido la ropa, por lo que puedo asegurar que voy bien vestido. Ella me mira con timidez mientras me pregunta cosas de mi vida, trato de ser lo más sincero posible. Sigo prendado de su belleza, lleva el pelo atado en una trenza larga que coloca  a un lado de su cabeza. Va vestida con una blusa a rayas rojas y blancas, con un mono de tela vaquera que le queda muy bien. Creo que estoy prendado de ella, esa muchacha de aspecto puro e inocente había marcado mi corazón en el que ahora rezaba: propiedad de Lorette. A la hora de pedir se toma un chocolate con leche condensada, la bebida más dulce que una se podría imaginar, yo cojo un café sólo al que ni echo azúcar. Ella demasiado dulce y yo excesivamente amargo, no pegamos ni con cola. Le agradezco la información que me otorgó diciéndole lo útil que me fue, sus blancas mejillas adoptan el color del algodón de azúcar y dice que no es nada. Modestia, una chica modesta es mucho más atractiva que una engreída. No se creen superior al resto, por lo que se vuelven mucho más agradables.
-¿De donde vienes? No te había visto antes.
-De Igni, lo extraño es que sigo vivo.
-Esa es la ciudad de las escalas, vivir allí no debe ser fácil, sobretodo si eres pobre.
-Apenas da para comer.
-No me digas que...-dice frenándose a sí misma.
-Lamentablemente sí, mi abuelo fue a Igni hace casi medio siglo, vivimos en la miseria. Ahora un amigo nos ayuda con los gastos.
-Un buen amigo supongo.
-Es el novio de mi mejor amiga, una estupenda persona.
-Lo de novio lo has dicho de forma rara ¿Esa chica...te gusta?
-No, pero como no estoy seguro de que estén saliendo me cuesta decirla.- le aclaro por si se está haciendo una idea equivocada.
-Ah, vale. Supongo que ya tendrás novia.
-La verdad es que nunca he salido con nadie ¿Y tú?
-Como tú.- me contesta mirándose las manos.- Podríamos probar a salir entre nosotros, es una tontería, no debí decirlo.
-Me gustaría.
No creí lo que dije, le dice que sí a una chica a la que apenas conocía. Ambos tartamudeamos tras decir aquello, era la primera vez que me ocurría semejante cosa. Continuamos hablando largo y tendido, todo lo que hablamos resulta más importante a su lado. Sus gestos son preciosos, como se posa el dedo por los labios antes de hablar y como remueve la cucharilla de vez en cuando con aire distraído.
Al despedirme de ella le doy un beso en la mejilla, tengo que agacharme un poco pues es más bajita que yo. Usa un perfume con aroma a fresas que me gusta mucho. En el camino de vuelta me manda un mensaje en el que me dice que le ha gustado mi compañía. Todos me acribillan a preguntas al entrar a casa, sólo le había contado lo de mi cita, entre comillas, a las chicas. Lo que no me pareció normal es que los chicos también preguntaran por como fue. Será verdad eso que entre parejas se cuenta todo. Me sirvo un bol de cereales bien fríos cuando veo que se reúnen para cenar y otra vez me siento desplazado. Claudio y Judy se dan de comer el uno al otro, el miembro masculino de la otra pareja intenta dar de comer a su chica, pero esta cierra la boca.
Al irme a dormir me alegro de haber decidido quedarme en el salón, no me gustaría tener que estar en ninguna de las otras habitaciones. Aunque sé que no hacen nada obsceno pues no se escucha nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario